Este artículo analiza el desarrollo reciente de los productos de ahorro-previsión en España. Para ello, en se describen las principales características de estos activos, destacando sus particularidades.

Los productos de ahorro-previsión son instrumentos financieros de largo plazo que tienen un carácter finalista, es decir, están diseñados para cubrir determinadas contingencias, principalmente la jubilación.

La mayor parte de los países desarrollados han impulsado estos activos (normalmente mediante un favorable tratamiento fiscal) en la medida en que complementan a los sistemas públicos de previsión social, como las pensiones y la asistencia social.

Este tipo de productos de previsión social son muy sensibles a las modificaciones fiscales que afectan a los instrumentos de ahorro y el trabajo, al y a todas aquellas normas que hacen referencia a las coberturas y a los productos en el ámbito de la previsión social, por ser productos cuyos atractivos descansan precisamente sobre estos principios.

Por otro lado, el comportamiento reciente de la industria del ahorro-previsión ha estado también condicionado por los vaivenes de los mercados financieros. Los cambios en los tipos de interés (en la actualidad en la parte baja) o la volatilidad de los mercados afectan a la evolución de los rendimientos de los productos de ahorro-previsión y a las expectativas de los inversores sobre los mismos.

Los productos de ahorro-previsión son instrumentos financieros de largo plazo que están diseñados para cubrir determinadas contingencias, principalmente la jubilación.

Los productos de ahorro-previsión

Los productos de ahorro-previsión existentes en el mercado español pueden clasificarse en dos subgrupos:

A. Los de ahorro-previsión pensión (abreviadamente, «ahorro pensión», y que en la legislación se denominan «sistemas de ahorro previsión privados»), que son aquellos diseñados específicamente para ser complementarios de las pensiones públicas.
B. Los activos que, aunque podrían ser de inversión puramente financiera, en la práctica, bien por su período de inversión a largo plazo o por la forma de cobro de la prestación (habitualmente, en forma de renta), son asimilables a un ahorro finalista de previsión social. A esta segunda categoría se la denominará «productos de ahorro-previsión alternativos».

Fuente: Banco de España

Los productos de ahorro-previsión pensión

Entre los productos de ahorro pensión, los más importantes por su grado de desarrollo en España son los planes de pensiones.

Este instrumento es un contrato mediante el cual un inversor (partícipe) realiza unas aportaciones, que se invierten a través de un fondo de pensiones. La participación en estos fondos ofrece una rentabilidad variable, ya que tienen un valor liquidativo diario que fluctúa de acuerdo con la evolución de los mercados y con la estructura de la cartera de valores en que se ha materializado la inversión. Este activo es ilíquido y solo se puede rescatar al llegar a la jubilación o, excepcionalmente, en los casos de desempleo de larga duración, de enfermedad grave, de fallecimiento del partícipe, de dependencia severa y de gran dependencia, o alos 10 años de su constitución. Se permite el traspaso de su patrimonio (derechos consolidados) a otro sistema de previsión social.

En función del promotor existen tres tipos de planes :

1. Planes de empleo: son creados por las empresas, que aportan recursos para sus trabajadores habitualmente de forma periódica.
2. Planes individuales: las aportaciones las realiza directamente el propio partícipe y son discrecionales
3. Planes asociados: el promotor es una asociación o colectivo.

Los planes de previsión asegurados (PPA) son contratos de seguro en los que la cobertura principal es la jubilación, aunque también se con templan los mismos supuestos de rescate excepcional comentados en el párrafo anterior. Ofrecen un tipo de interés garantizado anual, lo que les diferencia de la rentabilidad variable que caracteriza a los planes del sistema individual. Al igual que éstos, los PPA son ilíquidos pero el inversor (tomador o pagador de las primas de seguro) puede movilizar el patrimonio acumulado (provisión matemática) a otro PPA o a un plan de pensiones.

Los planes de previsión social empresarial (PPSE) son contratos de seguro de vida colectivos, donde el tomador (pagador de las primas) es la empresa, los asegurados son los empleados de la misma, y los beneficiarios, estos mismos o los que establezca el asegurado. Esta modalidad se constituye como alternativa a los planes de pensiones de empleo bajo la fórmula de seguro. La principal diferencia entre ambos productos estriba en el establecimiento, en el caso de los PPSE, de un rendimiento fijo asegurado, frente a la rentabilidad variable ofrecida por los planes de pensiones.

Entre las figuras potenciadas por el IRPF de 2006 y las leyes del mercado hipotecario y de dependencia se encuentra el contrato de seguro que cubre exclusivamente el riesgo de dependencia severa o de gran dependencia (en adelante, seguro de dependencia), que es un contrato de seguro privado que cubre estas dos contingencias y donde necesariamente el inversor deberá ser el tomador, asegurado y beneficiario del seguro. Esta exigencia impide que se establezcan seguros colectivos de dependencia en los que el tomador (el empresario) sea una persona distinta del asegurado (el trabajador).

Los productos de ahorro-previsión alternativos

En esta categoría se encuentran los seguros de vida de ahorro, que se definen como aquellas operaciones, basadas en la técnica actuarial, que consisten en obtener un rendimiento determinado en cuanto a su duración y su importe a cambio de desembolsos únicos o periódicos previamente fijados. De este modo, no existe el componente de aleatoriedad respecto al evento a cubrir, como ocurre en los seguros de vida-riesgo.

El tratamiento fiscal es un elemento siempre a tener en consideración al valorar los productos de ahorro-previsión en la medida que este tipo de productos son especialmente sensibles a los estímulos fiscales que se adoptan sobre ellos.

En estos productos de ahorro pueden distinguirse tres formas en las que se permite el rescate de los fondos: percepción en capital (cobro en una sola vez), en renta (temporal o vitalicia) y mixtos (que son una combinación de los dos anteriores).

Estos instrumentos ofrecen una rentabilidad mínima garantizada anual, si bien como modalidad especial cabe mencionar a los unit-linked, que, con carácter general, tienen un rendimiento variable, ya que el tomador de este tipo de seguro asume el riesgo de la inversión de forma que la rentabilidad está relacionada con la cartera de activos y la evolución de los mercados, al igual que ocurre con los fondos de inversión o los de pensiones.

Los planes individuales de ahorro sistemático (PIAS), que son seguros individuales de vida cuyos derechos generados sirven para constituir una renta vitalicia asegurada, siempre que el contratante, el asegurado y el beneficiario sean el propio inversor. A diferencia de los seguros de ahorro anteriores, los PIAS tienen un límite máximo de inversión anual, que, como se verá más adelante, determina su fiscalidad. Los PIAS tienen una rentabilidad mínima garantizada y, a diferencia de los PPA, pueden liquidarse con antelación; sin embargo, si se rescatan durante el período de constitución antes de diez años desde la primera aportación, se pierden los beneficios fiscales. En estos contratos, una vez constituida la renta vitalicia, se pueden establecer mecanismos de reversión (o períodos ciertos de prestación, o fórmulas de contraseguro) en caso de fallecimiento del asegurado.

Finalmente, hay que mencionar la hipoteca inversa, que fue regulada en la Ley del mercado hipotecario de 2007. Se trata de un préstamo o crédito garantizado mediante hipoteca sobre un bien inmueble que constituya la vivienda habitual del solicitante y siempre que se cumplan los siguientes requisitos:

A. que el solicitante y los beneficiarios que este pueda designar sean personas de edad igual o superior a los 65 años o afectadas de dependencia severa o gran dependencia;
B. que el deudor disponga del importe del préstamo o crédito mediante disposiciones periódicas o únicas;
C. que la deuda solo sea exigible por el acreedor y la garantía ejecutable cuando fallezca el prestatario o, si así se estipula en el contrato, cuando fallezca el último de los beneficiarios;
D. que la vivienda hipotecada haya sido tasada y asegurada contra daños. De hecho, el importe máximo del crédito será un porcentaje del valor de tasación en el momento de la constitución.

Los datos revelan que el 95,5% de los hogares encabezados por jubilados tiene su vivienda pagada y en el conjunto de familias españolas, un 42% tiene una segunda residencia, lo cual invita a pensar que pude ser un producto accesible pero la realidad es que, más allá de los datos, generalmente su atractivo se limita a propietarios de casas muy valiosas y sin intención de dejarlas en herencia. Las hipotecas inversas solo pueden ser concedidas por las entidades de crédito y por las entidades aseguradoras autorizadas para operar en España.

Fuente: Boletín Económico del BdE

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