La irrupción de las nuevas tecnologías en el sector bancario es imparable: cambian las formas, los canales, cambian la oferta de productos y servicios, y cambian los competidores. La irrupción de un nuevo sector formado por toda clase de ‘startups’ desafían el sector financiero tradicional mediante el uso sistémico de nueva tecnología: las Fintech.

Fintech es una palabra que surge de la unión de dos términos en inglés: Finance y Technology (en español, tecnología financiera). Se trata de empresas que ofertan a sus clientes productos y servicios financieros innovadores, mediante la utilización de las tecnologías de las TIC’s (tecnologías de la información y la comunicación). Estas startups utilizan la tecnología financiera como medio para abaratar costes y simplificar procesos, dando como resultado un servicio eficiente en internet para el usuario, a la vez que generan menores comisiones en relación a los sistemas tradicionales.

Los primeros años del fenómeno fintech se han caracterizado por el florecimiento de toda clase de startups cuyo denominador común ha sido, a través de una base tecnológica, su enfoque a proporcionar una experiencia del usuario excelente alrededor de una serie determinada de productos y servicios financieros. Igualmente, las fintech han sido capaces de crear nuevos modelos de negocio desconocidos hasta el momento por la banca tradicional. Este nuevo desafío ha impactado en la planificación estratégica y organizativa de la banca convencional, que se ha visto forzada a acelerar el desarrollo de sus canales digitales para hacer frente a estos nuevos competidores en forma y en fondo, y a preservar su cuota de mercado.

Las reglas del juego en el sector financiero están cambiando y se están configurando nuevos ecosistemas. Falta ver cómo quedará configurado el nuevo entorno competitivo. ¿Quiénes formarán parte de estos nuevos ecosistemas? ¿Quiénes lo harán desde una posición de liderazgo y quiénes lo harán como satélites? ¿Qué actores irrumpirán en el nuevo universo financiero y cuáles desaparecerán? Son preguntas que se resolverán en los próximos años.

La irrupción de las fintech, posibles escenarios de futuro

Si bien aventurar escenarios futuros en lo referente a la tecnología es un ejercicio arriesgado, a continuación se presentan los tres escenarios que, aunque no se formalicen de un modo exacto y riguroso, se conjeturan como posibles hoy en día en el sector fintech.

A. La “plataformación” de la banca

Una plataforma es un modelo de negocio plug & play en el que los participantes se conectan e interactúan entre ellos, creando e intercambiando valor. Este modelo de negocio es posible aplicarlo a la banca mediante la tecnología de las API (application programming interfaces), tecnología muy común y extendida a otros sectores de actividad, como el de las grandes plataformas de venta online por ejemplo.

Las API son interfaces entre programas diferentes, permitiendo a los programas de las empresas intercambiar datos entre sí de modo plenamente automatizado, facilitando las comunicaciones, la interacción y la integración de los sistemas.

Hay quien piensa que la banca tradicional aún puede ganar la amenaza de los nuevos entrantes y su disrupción reinventándose y moviéndose hacia un concepto de plataforma mediante el uso intensivo de las API.

El concepto de bank as a platform (BaaP) es un escenario que permitiría a la banca tradicional posicionarse en el ecosistema digital, mediante una excelente experiencia de los usuarios y un mayor acceso a los canales de distribución de sus productos y servicios, pudiendo cambiar sustancialmente el negocio bancario aprovechando la innovación que le brindarían los agentes externos.

En este modelo de negocio, las entidades bancarias trabajan en colaboración con startups para ofrecer a sus clientes aplicaciones simples y accesibles, como por ejemplo aplicaciones para ver el flujo de ingresos y gastos, herramientas de planificación financiera, o comparadores de comisiones. Estas herramientas, cuyo look & feel es de capital relevancia, se integran en los sistemas de la banca convencional, permitiendo a ésta acceder a los nuevos canales de distribución y contratación de productos financieros del día a día.

B. Los bancos fintech

En este escenario se plantea un esquema opuesto al tradicional e incluso al de la ‘”plataformación” de la banca visto en el punto anterior. En este esquema el modelo pasaría de la dependencia de las fintech de los bancos convencionales a todo lo contrario, los bancos convencionales dependerían de las asignaciones de negocio que obtuvieran de las fintech. Un cambio de paradigma.

Los primeros años de desarrollo del concepto fintech, se caracterizaron por la imposibilidad de estas compañías en satisfacer todos los productos y servicios financieros que demandaban los consumidores. Su gran ventaja competitiva radicaba en el foco en una oferta concreta de soluciones financieras. De esta forma, cada fintech representaba tan solo uno de los múltiples productos, servicios y segmentos que un banco puede ofrecer a sus clientes, como por ejemplo al ofrecer exclusivamente coberturas de tipo de cambio, entre otros.

Esta especialización obliga a los clientes a utilizar múltiples herramientas app para poder tener los servicios equivalentes a los de un banco. Otro inconveniente añadido era que, para funcionar, muchas fintech dependían de los bancos tradicionales para operar ya que debían contar con el soporte de cuentas bancarias en entidades convencionales para realizar las operaciones.

Para dar respuesta a este desafío, se articularían soluciones basadas en:

  • Una nueva plataforma bancaria como núcleo de negocio, constituida desde cero, sin las ataduras ni los condicionantes actuales.
  • Se obtendría una licencia bancaria propia para operar sin restricciones.
  • Se crearían estructuras API para interconectarse con terceros.
  • Se crearía una infraestructura de identificación y verificación de identidad de los clientes, de tal modo que el nuevo banco pudiera tratar con ellos directamente.

En este escenario, los denominados neobancos actuarían como un hub de productos y servicios financieros. Mediante este modelo, los productos ofrecidos directamente por estos bancos fintech estarían limitados a la custodia de fondos mediante cuentas bancarias y tarjetas físicas o virtuales. El resto de servicios (inversión, valores, gestión de patrimonios, préstamos, seguros,…) estarían proporcionados por terceros a través de las API.

Este modelo basaría su éxito en la experiencia del usuario, mediante soluciones ágiles, cómodas y al menor coste posible. Los ingresos de esta actividad se repartirían entre los distintos agentes del ecosistema.

Los candidatos a ser los primeros bancos fintech lo constituyen a día de hoy los neobancos, aquellas entidades cuya oferta se centra exclusivamente en la banca digital, con foco en las actividades financieras del día a día y con un foco en lo social, tales como los alemanes N26 (n26.com) y Fidor (fidor.de), Monzo (monzo.com) en UK o Simple (simple.com) en USA.

Este no es un escenario descabellado ya que estos nuevos agentes gozan del afecto e interés del mercado. Para calibrar el éxito que despiertan estas nuevas organizaciones desenfadadas, jóvenes y disruptivas entre el público y los inversores, basta con recordar el éxito que obtuvo Monzo en 2017, al reunir 1,2 millones de Libras de nuevo capital en apenas 90 segundos. Lograron movilizar al público y a los inversores gracias a una campaña de crowdfunding difundida por la red y su app.

C. Gigantes tecnológicos como bancos

Muchos expertos consideran que a medida que las compañías fintech crezcan en tamaño pasarán de ser startups a convertirse en compañías de servicios financieros, debiendo afrontar las dificultades propias de la banca convencional, por talla y por la regulación a la que está sometida: cumplimiento normativo, necesidades de capital, complejidad organizativa,…

En realidad pues, la amenaza del sector no la constituirían este tipo de compañías fintech que al transformarse perderían sus atributos de éxito, sino que ésta vendrá dada por los gigantes tecnológicos no financieros que ya son marcas reconocidas y poderosas, que gozan del favor de los consumidores, y que irrumpirán en el sector cambiando las reglas del juego, añadiendo la palabra ‘fin’ a su alma ‘tech’.

La irrupción de Amazon, Apple, Facebook o Google en los servicios de medios de pago es ya una realidad amenazante para el sector bancario. ¿Es quizás el preludio para una mayor penetración en la prestación de servicios financieros? A corto plazo parece ser que estos gigantes no prestan demasiado interés por un sector tan rígido y regulado como lo es el bancario, pero son compañías acostumbradas a explorar nuevos entornos de mercado y a crear tendencias donde no las hay, de tal modo que no es descabellado pensar que puedan ser protagonistas en el sector bancario en un futuro.

El próximo decenio, paradigma del cambio

El sector bancario ha sufrido cambios estructurales severos en el último decenio a nivel global y local: ha habido rescate bancario, han desaparecido entidades y han aparecido nuevos grupos bancarios, se han establecido nuevas normas y protocolos de obligado cumplimiento, ha cambiado el modelo de distribución de lo físico a lo digital y ha cambiado igualmente el propio entorno físico de la venta en red, pasando de cantidad de puntos de venta a la calidad de los puntos de venta.

Ya existe una Asociación Fintech en España creada por Finanzarel, Kantox, Arboribus, LoanBook, Comunitae y Deudaeque con la misión de impulsar el sector financiero tecnológico en nuestro país. Ello nos invita a pensar que las empresas fintech van a influir en la transformación de las finanzas tradicionales, sobre todo si vemos el crecimiento del número de empresas y de la cifra de intermediación de la que ya gozan en USA y en UK, por poner los dos países que lideran el cambio de ecosistema.

El próximo decenio será sin duda el escenario de una nueva disrupción en el sector bancario, en el que la irrupción tecnológica será protagonista y en la que la velocidad de transición será tal que solo las entidades con capacitación tecnológica y organizativa serán capaces de adaptarse al nuevo entorno y sobrevivir. Parece obvio pues que el modelo bancario tradicional está en fase de extinción, es necesario moverse, arriesgarse y tomar decisiones que permitan posicionar a las entidades en un nuevo entorno competitivo en el que la banca será esencial, pero no necesariamente lo serán los bancos.

En IDD Consultoría pensamos siempre en la importancia de la formación profesional a la vanguardia tanto en el rubro financiero como en otros rubros empresariales. Desde la perspectiva del mundo financiero nos especializamos en contenidos simples para los no iniciados y en sesiones complejas para profesionales expertos.

 

Fuente: Harvard BR, IDD Consultoría

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