Según la RAE, motivación es “el ensayo mental preparatorio de una acción para animar o animarse a ejecutarlas con interés y diligencia”.

Si lo trasladamos al ámbito laboral, podemos entenderla como el estado mental o la fuerza que impulsa al individuo a realizar y ejecutar con una determinada actitud una actividad en una situación concreta que satisface tanto al individuo como a la organización.

En las teorías de la motivación, hay dos niveles de necesidades a cubrir:

  1. un nivel primario que cubre las necesidades elementales (fisiológicas y de seguridad en el trabajo)
  2. un nivel secundario que engloba reconocimiento, afecto, prestigio…

Si se logra que el trabajador encuentre una satisfacción propia de sus necesidades en su trabajo, su implicación será mayor y, en consecuencia, también su motivación para trabajar.

Podemos distinguir factores motivadores externos que puede proporcionar la propia empresa e internos, que responden en gran medida de la actitud del individuo respecto al trabajo y sus objetivos profesionales. Veamos unos y otros:

 3 factores de motivación EXTERNOS:

  1.  Dinero. Siempre es uno de los principales motivadores, no obstante, no actúa igual conforme el trabajador va mejorando su situación económica. La motivación será diferente en un trabajador que necesita dinero para sobrevivir y para otro que tiene sus necesidades cubiertas.
  2. Reconocimiento. Es una fuente de motivación por sí misma, pero un continuo reconocimiento puede provocar la reacción contraria y perder su efecto motivador. Un adecuado uso de este factor implica el reconocimiento proporcional a la tarea realizada.
  3. Factores higiénicos. Entendidos como elementos directos del día a día en el entorno laboral, desde las relaciones con iguales y superiores, seguridad, recibir formación o la propia adecuación del espacio de trabajo.

 

3 factores de motivación INTERNOS:

  1. Objetivos. Cada individuo tiene unos objetivos profesionales diferentes, y las propias metas actúan como motivadoras. Ser consciente de qué queremos conseguir, por ejemplo anotando periódicamente nuestros objetivos deseados y nuestros hitos, nos ayudará a tener presente que nuestro día a día se dirige a alguna meta.
  2. Interés en las tareas. Aunque depende del tipo de trabajo, por lo general el trabajador prefiere trabajos que le permitan aportar su conocimiento, desarrollar sus habilidades, aplicar cierta libertad e identificar retroalimentación de la eficiencia de sus tareas. En definitiva, consiste en hacer de tus tareas diarias una fuente de enriquecimiento personal.
  3. Aprovechar las oportunidades. Trabajar en mantener una actitud positiva hacia el trabajo ayudará a mantener la mente abierta y clara para descubrir nuevas iniciativas y oportunidades que poner en práctica dentro de tu organización.

Ante la motivación cada individuo responderá de una manera, pero en al final todos buscamos ciertas motivaciones comunes como las indicadas.

La pregunta que deberíamos responder es: ¿te has planteado cuáles son tus motivaciones en el trabajo?

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